Viernes 28 de abril de 2017 - 2:38 AM

Bien nuestro: Juan Arancio y sus 82 años

JuanArancio

Pintor, ilustrador y dibujante, con argumentos propios supo contar nuestras historias, geografías y personajes. En 1997 la productora Matecosido realizó un video documental sobre la vida y obra de uno de los artistas más importantes de la ciudad de Santa Fe.

Por Marcelo Allende / Código 3000 (Foto: Gentileza Silvina Helbling)

“Uno va a la casa de un médico y ve un dibujo de Juan Arancio, va a la casa de otro profesional y hay dibujos de Arancio, y va a las más modestas casas de gente de pueblo, las modestas, nuestras, mía, y siempre se puede ver un dibujo de Arancio”. Así decidió presentar Gastón Gori a este gran narrador de nuestro “paisaje humano”, como lo definió más tarde en el documental “Carica, una luz en alpargatas” de Matecosido producciones.

Juan Arancio nació el 24 de agosto de 1931 en la ciudad de Santa Fe. Quienes lo conocen aunque sea “de oído” asociarán rápidamente su nombre a esas sencillas imágenes que pintan la vida en nuestras islas. Nacido en el barrio Alfonso, el menor de doce hermanos, suele contar que uno de ellos era pescador y mientras enganchaba algún dorado él aprovechaba para dibujar en los explanados de la arena. “Yo quería dibujar en papel. Cuando mi hermano iba a entregar el pescado, anotaba todo en un cuaderno muy conocido en esa época, los “Sol de Mayo”. En uno de esos empecé, tengo guardados mis primeros dibujos. Ya grandecito, más o menos tendría unos 8 años, mi mamá me envió a la escuela, acá en el barrio, la Arzeno. Y como yo tenía capacidad para el dibujo, me pedían que haga ilustraciones para las fechas patrias”, cuenta Juan sobre sus comienzos.

A los 15 años vendía frutas en la calle con dos canastos. Cuenta que un día fue hasta una librería –de las que compraban y vendían libros usados- y cambió las frutas por dos libros: Cazadores de Ballenas y El Martín Fierro.

Y así se fue enamorando de las historietas. Hasta que se abrió un concurso organizado por el diario El Interior de la ciudad de Santa Fe, y se presentó con un personaje llamado “El Gaucho Saverio” aunque, por sugerencia del poeta Julio Migno, en lugar del agringado nombre original pasó a llamarse “Santos Bravo”.

Quizás no muchos sepan que este vecino del barrio Sur, además de dibujante es pintor, ilustrador, historietista y argumentista. Que no sólo ilustró miles de páginas del vespertino “El Litoral” con su “Juan Chiviro”, del matutino porteño Clarín o de las revistas Anteojito, Intervalo o El Tony, si no que su plumín y su pincel también recorrieron los Estudios Disney o acompañaron la letra de Oesterheld (desaparecido durante la última dictadura cívico-militar, autor de la mítica historieta “El Eternauta”).

Sin embargo, y aunque las oportunidades no le fueron esquivas, su lugar en el mundo siempre fue su casita de barrio Alfonso, de la cual nunca se mudó.

“Pinto la isla y al hombre de nuestra isla, porque ahí pasé mucho tiempo y es un lugar en donde me siento cómodo. Pero yo pinto de memoria. Voy, miro, converso y después vengo y pinto en mi casa. Pinto lo que más me impacta de la isla”, se sincera Juan.

Su visión del mundo está teñida de río. Quizás sea por eso que no se enoje tanto al recordar ese terrible 2003 que se llevó gran parte de sus obras. Sí, Juan Arancio, el artista que trazó y coloreó innumerables paisajes de agua, sufrió en carne propia las consecuencias de la inundación.
Actualmente, la Biblioteca Nacional organiza un concurso de historietas que lleva su nombre, pero también podemos encontrarlo en el escenario del Festival Folclórico “El Agua y el Canto”, o el Festival de Santa Rosa de Calchines; en la Sala de la Cultura de Formosa, o el Centro Cultural de Pilar; en la Biblioteca del barrio San Agustín, o en la salita de plástica de la escuela Monseñor Zaspe…

Cuando entramos a la Cámara de Senadores de la provincia nos recibe su obra “La Fundación de Santa Fe” y “El Brigadier López” engalana el Palacio Municipal de su ciudad natal.

“Si volviera a nacer haría exactamente de nuevo todo lo que hice” sentencia Juan Arancio, y concluye: “Estoy muy agradecido por lo que la vida me ha dado”.

En 1993 fue nombrado Ciudadano Ilustre por el Concejo Municipal Santafesino y fue galardonado con infinidad de premios. Pero sin dudas, el mejor reconocimiento recibido es el cariño que su pueblo le brinda teniendo siempre cerca alguna de sus obras.

Su trayectoria

Juan Arancio es una leyenda viva de la historieta nacional. Es un autor que, desde los años 50, ha transitado las principales publicaciones del país. Fue uno de los protagonistas de la llamada “edad de oro”, en los tiempos en que dibujaba guiones de Oesterheld para editorial Frontera (Hora Cero, Frontera), donde dio vida a series memorables como Patria Vieja. Desde entonces, su arte se difundió por las grandes editoriales del país: Record, Columba, García Ferré (Anteojito), entre otras. Ilustró autores clásicos de la literatura universal como Héctor Pedro Blomberg, Lucio V. Mansilla, Alberto Vaccarezza, Emilio Salgari, Julio Verne, Ridder Haggard, Stevenson, De Foe, Jorge Luis Borges. Dejó su huella en importantes libros como Cazadores de Ballenas, Misterios de la Jungla Negra, El Quijote, La Conquista del Desierto, Una Excursión a los Indios Ranqueles, Dick Turpin y, en numerosas ocasiones, el Martín Fierro. Durante décadas trabajó para medios de Inglaterra (Estudios Fleetway), Italia (Editorial Scorpio) y Estados Unidos (Estudios Disney).

El agujero

Para pintar como lo hace Juan, hay que saber narrar. Por eso, cuando uno habla con él, no escapa a escuchar cientos de anécdotas y cuentos.
“Recuerdo el del ‘agujero en el techo’ -dice- y era así:
Va un vendedor ambulante por un rancherío y se desata una terrible tormenta.
Un paisano lo invita a guarecerse en su rancho para protegerse del temporal.
Una vez adentro, el vendedor advierte que, en el techo del rancho, hay un tremendo agujero por donde entra mucha agua. No soporta la incomodidad y le dice al paisano:
- Disculpe, pero ¿Por qué no arregla ese agujero en el techo?
- Si me subo ahora a arreglarlo me voy a mojar todo- le responde el paisano.
- Bueno -le retruca el vendedor- arréglelo cuando no llueva.
- Y cuando no llueva –le dice el paisano- ¿Para qué lo voy a arreglar?”.