Miércoles 26 de julio de 2017 - 3:01 PM

Carne de camión

TrataRuta

Una banda captaba jóvenes en el oeste de la ciudad y las obligaba a ejercer la prostitución en el sur provincial. Una estación de servicio YPF de la autopista era utilizada como “vestidor”: allí las maquillaban y cambiaban. Todo bajo una clara complicidad policial. Seis mujeres liberadas, dos de ellas menores. Cuatro detenidos, uno de ellos policía, y varios prófugos.

Por Nicolás Lovaisa / Código 3000

Una investigación judicial logró desbaratar una banda que se dedicaba a captar mujeres en la ciudad de Santa Fe para luego trasladarlas hacia Puerto General San Martín y San Lorenzo, donde eran explotadas sexualmente. Las pesquisas fueron coordinadas desde la Fiscalía Federal Nro. 1 de Santa Fe, a cargo de Walter Rodríguez, con la colaboración de la División de Trata de Personas perteneciente a la policía santafesina.

El juez federal Reynaldo Rodríguez dispuso el procesamiento por el delito de trata de personas y la prisión preventiva a dos mujeres que estarían al frente de la red, un remisero que se encargaba de los “traslados” y un policía cuyo trabajo era “liberar la zona” para que ningún uniformado interrumpiera el viaje hacia el cordón industrial. En los procedimientos fueron liberadas seis mujeres, entre ellas dos menores, lo que complica aún más la situación de los integrantes de la banda.

El caso resume en sí mismo varias de las denuncias que desde distintos sectores del oeste de la ciudad vienen realizando en torno al tema: que las redes de trata están funcionando allí con mucha fuerza, que las chicas son captadas a través de distintos engaños y que existe una complicidad policial evidente, que va desde minimizar las denuncias por prejuicios (“se habrá ido con un novio”, suele ser una respuesta de los uniformados) hasta la directa participación en el negocio.

La causa judicial

Los cuatro detenidos son Zunilda Guadalupe Godoy, Mariela Alejandra Sandoval, Martín Oscar Gómez y Rodrigo Adán María Delgadino. Zunilda y Mariela son pareja, ambas oriundas de la ciudad de Santa Fe, y según se desprende de los expedientes estaban al frente de la red.

La investigación permitió determinar que Godoy “se encontraba al frente de la organización, recibiendo a las víctimas mientras que en todos los casos era quien coordinaba su posterior traslado a los diversos puntos de explotación sexual”.

Por su parte, Sandoval “coordinaba el traslado de las mujeres hacia los puntos de explotación sexual y muchas veces las acompañaba durante el trayecto, y una vez allí les asignaba a cada una de ellas un lugar, una parada, al tiempo que recaudaba el dinero proveniente de la actividad al finalizar la jornada”.

La función de Gómez era la de “remisero”: se encargaba diariamente de buscar y trasladar a las mujeres desde Santa Fe hasta Puerto General San Martín y San Lorenzo. Mientras que Delgadino, haciendo valer su condición de policía de la Comisaría 5ta. de Puerto General San Martín, “se encargaba de garantizar la zona liberada del territorio donde se concretaba la explotación sexual, lo cual era retribuido económicamente en beneficio propio”.

Las detenciones fueron producto de una larga investigación, que incluyó allanamientos y escuchas telefónicas. Según pudo averiguar Código 3000, el caudal de pruebas es abundante, por lo que la situación de los detenidos es complicada. “La función del policía está clara en las escuchas”, afirmó una fuente judicial. “El modus operandi está muy claro. Y también el hecho de que estas mujeres no eran sometidas sólo por los integrantes de la banda sino a veces por sus propias parejas”, agregó.

En el marco de esa investigación, el 24 de junio se detuvo un Chevrolet Corsa II en la autopista Brigadier López, en el acceso a Rosario. Allí estaba Gómez con seis mujeres, dos de ellas menores, que fueron liberadas. En el vehículo se secuestraron “treinta preservativos y un papel con nombres de mujeres y a su costado montos en números, entre otros elementos”.

Según distintos elementos que están en poder de la Justicia, se determinó que “si la explotación sexual no llegaba a rendir ganancias para cubrir el pago del pasaje” las mujeres eran trasladas a otro lugar “a voltear camiones” hasta que consiguieran el dinero suficiente. Si decidían “no trabajar” se les cobraba el día igual, aunque en ese caso tenían dos “opciones”: si avisaban antes de las 17 horas debían abonar 30 pesos, pero si lo comunicaban después de esa hora estaban obligadas a abonar “el pasaje completo”.

Además, había siempre una parada obligada en el viaje: en una estación de servicio de YPF ubicada a la vera de la autopista se maquillaba y se vestía a las mujeres “de manera provocativa”. Una persona contó que un domingo a la madrugada vio cómo varias menores ingresaban a uno de los baños de la estación y una de ellas lloraba. “Los autos que las traían no les dejaban margen para moverse. Las tenían muy controladas. Tanto que evitaban hablar con cualquier persona”, contó.

La causa avanza y no se detendría en estos cuatro detenidos. Hay prófugos y se busca profundizar sobre la cobertura policial, pues el uniformado detenido era "un simple agente de calle", por lo que es poco probable que haya actuado en soledad y a espaldas de sus superiores.

Una banda conocida

Las mujeres eran prostituidas en la Ruta 11, entre San Lorenzo y Puerto General San Martín. La banda de proxenetas era conocida como “Los Santafesinos” en esas ciudades y funcionaba a la vista de todos. Marcela Lozano, concejala mandato cumplido de San Lorenzo por el SI, que integra el Frente Progresista, sostuvo: “Sabemos que las chicas son de Santa Fe porque en algunas oportunidades pudimos hablar con algunas de ellas. También hubo chicas del norte provincial. Los datos que tenemos son porque las mismas chicas a veces pedían ayuda a los vecinos”.

“Venían muchos autos desde Santa Fe. La característica común es que siempre se trataba de chicas muy jovencitas y de origen humilde. Las cambiaban en la YPF y siempre estaban vigiladas. Es algo que ocurría a la vista de todos. Incluso varios vecinos llamaron a los medios de comunicación locales para contar lo que estaba pasando”, agregó.

“Esto no se escondía. Las chicas estaban sobre la ruta, en una parada de colectivos, y los autos que las traían se encargaban de controlarlas. Esto ocurre por lo menos desde hace cuatro años. Esto estaba naturalizado, recién ahora se está discutiendo, destapando. Acá era natural que hubiera cabarets, prostíbulos y chicas en la ruta”, insistió.

Lozano contó dos casos particulares, en los que los vecinos trataron de intervenir. “Una vez vino una chica a pedir ayuda porque estaba embarazada. No la vieron por un tiempo. Los vecinos se organizaron para ayudarla y fueron al hospital donde estaba internada para llevarle las cosas que le habían comprado. No la vieron más. En otra ocasión, encontraron un papel de una chica que les pedía ayuda. Pero los vecinos tienen miedo y las chicas aún más. Cuando alguien quiere hablar con ellas les dicen que no pueden, que las ponen en peligro”.

Hay un motel, cercano al lugar en el que los remiseros se ubican para controlar a las mujeres, que suele ser el destino elegido por los clientes: se llama El Triángulo y fue clausurado en 2010 tras la denuncia de una menor que declaró que había sido obligada a prostituirse allí. Luego reabrió y hoy pueden verse todas las noches chicas que, desde la puerta del lugar, ofrecen servicios sexuales.

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