Viernes 23 de junio de 2017 - 5:27 PM

El secuestro de Roberto Suárez

5 Candioti Foto Suárez

Roberto Daniel Suárez nació en Santa Fe, el 1º de febrero de 1955. Cursó la escuela secundaria en el Colegio Nacional Simón de Iriondo. Allí comenzó su militancia política, dentro de la Tendencia Revolucionaria de la Juventud Peronista.

 

(Publicado en el libro Tiempo Recuperado)

El 24 de mayo de 1976, apenas dos meses después del golpe que derrocó a María Estela Martínez de Perón y propició la llegada al poder de la Junta Militar, Suárez se casó con María Cecilia Mazzetti, que militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios. Ante el recrudecimiento de la represión (su hermano, Ernesto Ramón Suárez, había sido detenido en 1975) decidieron contraer matrimonio en la localidad de San Vicente, ya que habían existido casos de militantes detenidos en el Registro Civil de la capital provincial.

Su esposa fue detenida poco tiempo después: ambos habían decidido mudarse a San Nicolás o Rosario, pero un grupo comando secuestró a María Cecilia el 25 de agosto. Tenía sólo 17 años y disfrutaba de su embarazo de dos meses. Suárez se refugió en la casa de algunos compañeros y evitó la captura, ya que en septiembre el Ejército realizó un allanamiento en su casa paterna, ubicada en calle San Jerónimo 5324. Recién volvió a tomar contacto con su familia en enero de 1977, y en abril tomó la decisión de volver a su hogar. Cansado de escapar y sabiendo que su hijo, Rodrigo Sebastián, había nacido en cautiverio, se presentó para hacer el servicio militar, ya que permanecía en carácter de desertor.

Acompañado por su madre, Olga Barrera de Suárez, se presentó en el Distrito Militar de Santa Fe, ubicado sobre Avenida Freyre, frente al Hospital Cullen. Durante un par de semanas estuvo en ese lugar. Según sus familiares, “en apariencia iba todo bien, no hacía nada, ya que volvía a casa y luego nuevamente al distrito”. Luego lo asignaron al Batallón de Anfibios 601, Sección Barcazas B, en Santo Tomé. Su superior directo era el Suboficial Principal Mario Carmelo Ferger (hoy detenido en el marco de esta investigación).

Pocos días después, Suárez le envió un mensaje a su madre en un papel: “Si algo me pasa, Ferger es el responsable”. La tarea que le habían encomendado era la de “hacer mandados”. “Salía todos los días a Santa Fe. Hacía algunas compras, al mediodía regresaba al cuartel y a la tarde ya estaba en casa”, agregaron. Su mamá y la de un compañero del barrio, que también estaba cumpliendo funciones en ese Batallón, se turnaban todos los días para llevarlos en auto a Santo Tomé.

Suárez era consciente de que estaba siendo vigilado por sus superiores, ya que un lunes le preguntaron “quiénes eran la mujer y el hombre que habían estado con él en la feria el día anterior” (sus padres) o “quién era la rubia que estaba con él en la costanera” (su prima). Además, les había comentado a sus familiares que en varias oportunidades “lo ponían frente a la tropa reunida y los oficiales lo ponían como ejemplo de lo que no se debía ser: un subversivo”.

El lunes 1 de agosto de 1977, la madre de su compañero fue la encargada de llevarlos a Santo Tomé. Como todos los días, a las 7 de la mañana ingresó al Batallón. A las 9.30, una vecina, de apellido Barbieri, lo vio en el centro de Santa Fe, subiendo a un colectivo de la línea 14, con un paquete en la mano. Suárez no regresó a su casa a las 14, como era habitual. A las 16, su madre recibió un llamado de alguien que no se identificó, pero que bien podría haber sido un compañero de Roberto, quien le manifestó que no había regresado al cuartel luego del mandado que había realizado esa mañana.

Olga se dirigió al Batallón y pidió hablar con Ferger. Le exigió que haga la denuncia de que su hijo no había regresado al cuartel: “Esperemos hasta mañana, ya que puede haberse ido con alguna chinita”, le contestó el militar. La madre negó tal posibilidad y le preguntó adónde lo habían mandado. Ferger contestó que había salido para llevar unas invitaciones por el aniversario del Batallón a un Teniente en la zona de la costanera, y que por razones de seguridad no podía dar a conocer su apellido.

De todas maneras, por averiguaciones posteriores se determinó que podría tratarse de la casa de Cristian Oscar Clavería, quien cumplía funciones en el GADA de Guadalupe, se domiciliaba en la costanera y hoy estaría radicado en la localidad de Alta Gracia, Córdoba.

Durante varios días, Olga repitió las mismas preguntas ante Ferger y obtuvo siempre las mismas respuestas, hasta que un día dejó de ser recibida en el Batallón. La familia interpuso varios hábeas corpus y publicó reiteradamente la noticia en búsqueda de su paradero con foto incluida en el diario El Litoral sin resultado positivo.

Ya en democracia, llegó la denuncia anónima ante la CONADEP. Según el legajo 1421 “se presenta un individuo, aparentemente que revistó como suboficial del Ejército,  y manifiesta que, habiendo visto en el diario la foto de Suárez y la denuncia de su desaparición, comparece para decir que el mismo fue asesinado por el entonces Jefe de dicho Batallón Coronel José Tidio Lagomarsino de León, con su pistola calibre Nro. 9, con un tiro en la cabeza, complicando en el caso a los oficiales Candioti y De Gracia. Este suboficial denunció también que al cadáver lo envolvieron en una lona verde, lo subieron en una barcaza y cruzaron el río a una isla, regresando luego en la barcaza sin el cadáver”.

Su caso guarda similitudes con el de Francisco Domingo Lera, también proveniente de una familia de militantes (con un hermano desaparecido), quien desapareció en la misma zona que Suárez. Incluso un testigo calificado, el Dr. Alberto Jesús Ceballos, declaró en la causa que mientras cumplía el servicio militar en el GADA de Guadalupe, con funciones administrativas y por su carácter de avanzado estudiante de abogacía instruyó el sumario por “deserción” de Lera, supo como comentario en la comandancia que Lera fue “chupado” porque “estaba vinculado a la subversión” e incluso se habló de la participación de los oficiales Cristian Oscar Clavería y Carlos Martín Sanabria.