Miércoles 26 de julio de 2017 - 2:58 PM

Gasto, luego desciendo

LuisSpahn

La dirigencia Rojiblanca gastó 9 millones de pesos más en el plantel que descendió que en el que había logrado la permanencia. El dato deja en claro que la pérdida de categoría no fue por “cuidar el bolsillo” sino porque se desperdiciaron recursos. Durante su gestión Spahn incorporó 57 refuerzos y los juveniles casi no tuvieron lugar. El pasivo se triplicó en 4 años. La nota completa, en Posta.

Por Nicolás Lovaisa (Revista Posta)

“Tenemos una planificación de funcionamiento de la institución y entendíamos que no había ninguna viabilidad que tenga un ingreso salarial notablemente superior al segundo jugador del plantel”, afirmó tajante Luis Spahn en una entrevista con Diario Uno, a mediados de 2012. Hacía referencia a su negativa de darle a Jorge Velázquez, pilar del ascenso y de la permanencia, el aumento que solicitaba. En esos días, en distintas declaraciones radiales, el máximo dirigente Rojiblanco hizo hincapié en la responsabilidad de “cuidar el bolsillo” de la institución, justificando así al alejamiento de las principales figuras, como Enrique Bologna, Rodrigo Erramuspe, Paulo Rosales y el propio Velázquez, que se fue a Belgrano y demostró su jerarquía.

Sin embargo, los números dejan en claro que aquellas palabras chocan de frente con la realidad. De los balances surge que Unión gastó 9 millones de pesos más en el plantel que perdió la categoría que en el que había logrado la permanencia. Cuando uno habla de porcentajes, los groseros errores que se cometieron quedan aún más al descubierto: la institución incrementó un 32 por ciento su presupuesto en el fútbol profesional en el período en el que dejó ir a Bologna, Erramuspe, Velázquez y Rosales, entre otros, para sumar a Martín Perafán, Bruno Bianchi, Maximiliano Lugo, Guillermo Cosaro, Ricardo Mazacotte, Brahian Alemán, Andrés Franzoia, Cristian Núñez y Damián Lizio. El fracaso deportivo está a la vista: 26 partidos sin ganar y descenso. El económico también: sólo Alemán sigue en la institución.

Entre junio de 2011 y junio de 2012, momento en el que se logró la permanencia con una campaña de 50 puntos, Unión gastó en el rubro fútbol profesional 27.374.216 pesos. Entre junio de 2012 y junio de 2013, la temporada del descenso, ese gasto trepó a los 36.316.774 pesos. Si se la compara con el plantel que consiguió el ascenso, la diferencia es sorprendente: el gasto en ese campeonato fue de 10.756.307 pesos. En las dos temporadas en la máxima categoría el club recibió los mayores ingresos por televisión de toda su historia (los del Fútbol para Todos) pero sin embargo estuvo lejos de armar un equipo competitivo para afianzarse en Primera División.

Cabe destacar un detalle: los 8.942.558 pesos de diferencia entre el equipo que logró asegurar la categoría sin sobresaltos y el que bajó a la “B” Nacional casi empardan la deuda histórica con Ángel Malvicino, si se tiene en cuenta la actualización que hizo del monto esta directiva. El dato no es menor, ya que la firma del convenio para cancelar esa deuda con los familiares del ex presidente es destacado como uno de los mayores logros de la gestión.

En lo económico, el pasivo se incrementó de manera preocupante: según el balance aprobado en 2009 (que contó con la adhesión de Spahn, que participó de la Asamblea) la deuda ascendía a los 17.881.563 pesos. En el último, esa cifra trepó a 54.380.396 pesos, es decir, el triple. De manera insistente, y con algunas contradicciones en distintas entrevistas periodísticas, Spahn intentó en los últimos meses demostrar que el pasivo recibido fue en realidad de 28 millones de pesos. Lo curioso es que en ninguno de los tres balances que se presentaron durante su gestión se hizo alguna mención al respecto. Pero sí en este momento, posterior al descenso y donde más se incrementó la deuda, que aumentó casi un 70% respecto a 2012 (fue de 32.126.720 pesos).

En diálogo con El Litoral, Spahn decidió calcular el pasivo en cantidad de cuotas societarias: “La deuda del club en 2009 equivalía a más de 700.000 cuotas sociales; este año, al momento del balance, equivalía a 470.000. Es una buena comparación, porque la cuota social, hoy, es el principal ingreso del club por encima de la televisión”. Pero según los balances y el costo de la cuota en cada año, en 2009, con 447.039 socios plenos (valía 40 pesos) se cubría el pasivo. Hoy, con los plenos pagando 115 pesos se necesitan 472.873 cuotas para lo mismo. Un detalle: Spahn habla de un 25% de inflación anual, pero la cuota casi se triplicó en su gestión. Lo mismo ocurrió con el pasivo, pese a que tuvo mayores ingresos de cuota societaria y televisión.

Refuerzos sí, pibes no

Un repaso por las decisiones que se tomaron en el fútbol profesional de Unión desde 2009 a la fecha desnuda una vocación casi compulsiva de la dirigencia por el arribo de muchos refuerzos, en contraposición con el escaso lugar que tuvieron en los planteles los jugadores surgidos de las divisiones inferiores. Los números, en ese sentido, no dejan margen para la duda, más allá de que el discurso que baja desde la comisión que encabeza Spahn es el del tan remanido “proyecto de inferiores” que, sin embargo, a la hora del salto al primer equipo, no llega a apreciarse. En cuatro temporadas y media las incorporaciones fueron 57, un promedio de más de 12 por campeonato, número superior incluso al de Germán Lerche en Colón.

Desde la temporada 2009/10 pasaron por el 15 de Abril cinco entrenadores: Fernando Alí, Frank Kudelka, Nery Pumpido, Facundo Sava y ahora Leonardo Madelón. Es decir que durante la gestión Spahn Unión tuvo más de un técnico por año. Si bien es cierto que el único al que se le rescindió el contrato fue a Sava, no menos cierto es que la salida de los anteriores entrenadores (Alí, Kudelka y Pumpido) no se concretó en momentos exitosos, sino lo contrario.

La dirigencia decidió descansar siempre en el gusto de cada técnico para armar los planteles, mientras también acercaba algunos “refuerzos” de su gusto. El desembarco en Santa Fe de jugadores que llegaban con una inactividad alarmante, o de ligas de bajo nivel, muestra el grado de imprevisión, que luego se intenta atenuar bajo la tan utilizada excusa de “la mala suerte de las lesiones”. Maximiliano Lugo llegó a Unión tras sufrir una rotura de ligamentos cruzados apenas un par de meses antes y descender a la “B” Metropolitana con Atlanta. Tras su paso por el Rojiblanco, se fue a jugar al Argentino “A”. Diego Galván había jugado seis partidos en todo un año en Estudiantes de La Plata: lógicamente nunca hizo pie por problemas físicos y tras el descenso siguió su carrera en la “B” Metropolitana, en Estudiantes de Buenos Aires.

En el armado del actual plantel ese error se repitió de una manera poco creíble: de las 11 incorporaciones sólo dos llegaron con continuidad. ¿Quiénes? Los dos arqueros, Daniel Islas y Matías Castro. Los nueve restantes, todos jugadores de campo, se sumaron con los siguientes antecedentes en la temporada anterior: 12 partidos en un año Víctor Zapata y Maximiliano Laso (que llegó desde el ascenso rumano); detrás aparece Pablo Mattos con 11; 8 para Danilo Gerlo, 7 para Rodrigo Salinas, 3 para Luciano Vella y siquiera un minuto para Nicolás Bertocchi. ¿Era imprevisible, entonces, que Unión sufriera por las lesiones? Evidentemente no. El caso de Fernando Evangelista (2 partidos) y Sebastián Palacios (7) es entendible, teniendo en cuenta su edad y el nombre de los futbolistas que los “tapaban” en Boca.

Una anécdota de Spahn, contada en una entrevista con El Litoral, desnuda el desconcierto reinante a la hora de buscar refuerzos: “Hace cuatro años lo quise traer a (Ezequiel) Cerutti y consulté con alguien que me dijo que tenía 31 o 32 años y resulta que tenía 19”. Una simple búsqueda en Google o Wikipedia hubiera bastado para sacarse la duda. En esa misma nota mostró su orgullo por haber incorporado por decisión propia a Perafán, “que ahora está en Vélez” (es el tercer arquero, detrás de Sebastián Sosa y el juvenil Alan Aguerre), Bianchi y Cosaro. Sin embargo, no negoció la continuidad de ninguno de ellos tras el descenso.

En el mismo período en el que Spahn abrochó 57 refuerzos, hubo 22 debuts de juveniles en el primer equipo. El poco lugar que se les dio está claramente reflejado en las estadísticas: sólo ocho de ellos tuvieron en cuatro años más de 10 partidos como titulares (ver cuadro). De los restantes 14 hubo ocho que dispusieron de menos de 130 minutos para mostrarse en acción, casi siempre en momentos incómodos, ingresando para remontar situaciones adversas de las que no eran responsables. El gran “éxito” fue Juan Ignacio Cavallaro, hoy en San Lorenzo, por quien se pudo obtener un rédito económico. El otro fue Fausto Montero, que debutó como profesional en el último partido del interinato de Ariel Catinot, pero se consolidó en el torneo del ascenso.

Fuente: Revista Posta.